Descripción
Observar nuestra atávica tendencia de “mamás gallina” y comprender el gran poder para decidir comprometernos en la búsqueda de nuestra paz y felicidad verdadera, conscientes de nuestro propio merecimiento, que no es otro que la aceptación sin reservas de nuestra gran Verdad, para de la mano de Jesús recordar el gran respeto y aprecio que él siempre nos mostró, y que nos abre la puerta del perdón como único camino verdadero hacia nuestra auténtica libertad y experimentar “la mujer de poder en el espíritu” que todas llevamos dentro y estamos destinadas a ser, para dar al mundo la buena nueva de nuestra inocencia y santidad, transmitiendo la ternura de Dios con “la suave firmeza y firme suavidad” que todas llevamos en el corazón.1





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