Descripción
Sucedió en Galilea, un hermoso crepúsculo.
Comenzaba la sombra a oscurecer las aguas
y se fueron marchando quienes, momentos antes,
te escuchaban absortos.
La luna iba surgiendo lentamente en el lago.
Me quedé yo a tu vera, como el niño que teme
apartarse un instante del regazo materno.
Asomaba el cansancio a tu semblante.
Yo fuera para ti, desde una luz antigua,
esa eterna mujer a quien siempre tendiste
la mano y la esperanza:
la niña entristecida,
la enamorada esposa,
o esa madre ya entrada en la estación del luto.





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