Descripción
Una carta supone siempre un destino, pero en Correspondencia errante ese gesto se interrumpe: los textos nunca llegan y quedan flotando en la imposibilidad de su entrega. Así, lo epistolar adquiere otra dimensión, pues lo escrito ya no busca respuesta, sino permanencia, convirtiéndose en un archivo de voces que insisten aun cuando nadie las recibe. Es un espacio donde la intimidad se abre a lo colectivo y lo personal se vuelve archivo; el acto de decir se transforma en resistencia frente al silencio, la fugacidad, el duelo y la memoria.





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