Descripción
Él siente el fracaso de manera constante.
Aunque sus acciones no hayan tenido
nada que ver con la muerte de su madre
o con el esguince el primer día de
gimnasio, la palabra perdedor aparece
como un cartel imaginario que lo atrapa.
Pero también hay épica en su día a día,
aguantar la mentira sobre una llamada
desconocida, lidiar con un robo o
sobrevivir a un accidente de coche.
Doscientas veintisiete páginas es
un relato donde alguien de la calle se
enfrenta a su pasado como el amigo
siempre dispuesto a meterlo en líos, pero
también el colega al que a veces recurre
cuando en el presente nada parece
ir bien. A quienes en la vida real les
sucede como al protagonista, podemos
recordarles que en los momentos en
los que no convenga mirar hacia atrás
quedan otros recursos para sortear malas
rachas: plantarle cara a la adversidad y
ponerle imaginación.





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