Descripción
Para Santayana el elemento estético es inseparable de las ideas, sentimientos y actos del hombre. No sólo acompaña siempre, de uno u otro modo, las creaciones de la inteligencia, sino que es su necesario punto de arranque. […] Partiendo de ese primario impulso creador, la conciencia elabora luego sus claras percepciones y sus distinciones racionales. Y en cada etapa de este proceso se ofrecen a la contemplación estética materiales nuevos. […] Así, ciertos caracteres que la sensibilidad ha aprehendido en las cosas –lo recto, lo curvo, lo simétrico, etc.– pasan a ser luego el objeto de estudio de la matemática; pero finalmente, después que el razonamiento los ha analizado y relacionado, después que los ha reducido a puras formas despojándolos de todo valor sensorial, pueden volver a contemplarse estéticamente y suscitar entonces viva emoción. Sistemas mecánicos de fuerzas y movimientos como los que estudia el astrónomo pueden ser asimismo legítima fuente de placer estético. De modo análogo, en muy otro terreno, la afinidad sensorial mueve a los hombres al amor, pero una vez que la sociedad humana ha levantado sobre esa base un edificio moral y legal, “este nuevo espectáculo da ocasión a nuevos arrebatos imaginativos, trágicos, líricos y religiosos”. Desde cierto punto de vista –bien lo sabían los antiguos– la vida entera es un arte. No es menester para ello adornarla de florones y entorchados ni someterla a importunas restricciones “estéticas”. Basta con que demos a todos sus momentos una forma que, por implicar estructura armoniosa, implique al mismo tiempo un ideal de posible perfección. Y esta perfección, contemplada a su vez estéticamente, aparecerá como pura y genuina belleza. A toda vida lograda viene a añadirse así una sanción estética. Si la eficiencia biológica se acompaña de gracia, la perfección moral va siempre unida a cierta manera de /splendor formae/, a un halo de decoro sensible.
Raimundo Lida





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