Descripción
Si a alguien se ha reconocido a través de los tiempos como el mensajero del amor, es al poeta. Él ha sabido engrandecer y convertir en sublime ese estado etéreo del alma y expresarlo en versos, en palabras que nacen en el corazón y pulsan la sensibilidad como las cuerdas de un violín que estremecen las emociones y que, en ocasiones, permanecen inmortales a lo largo de los siglos.Cada uno de los poemas aquí contenidos es un canto al amor en la edad madura; porque no solo los corazones jóvenes pueden sentir con esa intensidad que hace perder la cabeza, también en la madurez se puede experimentar el amor con la misma fuerza, o quizá mayor, ya que suele presentarse cuando menos se le espera.Si el amor de juventud tiene la frescura y la impaciencia del despertar a un mundo mágico, llegado un momento de la vida es un regalo que permite experimentar que el alma no se hace vieja, que puede volver a sentir con la misma pasión y con la misma intensidad; ya sin miedos, sin temores, sin inhibiciones, más valientes, más sabios.Victoria Eugenia García





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