Descripción
Y allí, en el umbral de mi casa, aguardaba él, el dueño de mis ilusiones, montado en su bicicleta como un caballero contemporáneo en su fiel corcel. Sus cabellos estaban alborotados por la prisa de llegar a mí, al tiempo que, sus grandes ojos se iluminaban al verme, mientras nuestros labios apenas se rozaban, cautelosos de las miradas indiscretas. El resplandor del sol bañaba la vida, y yo, embriagada de amor, ascendía los peldaños del autobús escolar. Mis tres amigas me esperaban ansiosas en el último asiento, reservado especialmente para compartir los eventos de mi romance. Armando, montado en su bicicleta, seguía al autobús con la determinación de un guerrero en pos de su amada, su voz cálida y apasionada se alzaba en un susurro con un “te amo”, mientras el camino se llenaba de besos arrojados al viento. El sudor le daba un brillo perlado a sus mejillas, y su escaso cabello se mecía con la brisa, desafiando al tiempo en su empeño por mantenerse a la vista. Aunque exhausto, nunca se daba por vencido; desde la distancia, saludaba con la mano en un adiós, obsequiándonos con una sonrisa que desbordaba alegría.





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