Descripción
«Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.» Romanos 15:4
Existe un grupo de libros en el Antiguo Testamento que siempre nos parece actual: los Profetas. Es casi seguro que, al leer los profetas del primer testamento, tú tendrás la sensación que están tratando problemas y pecados que testificamos aún hoy.Al estudiarlos, préstale atención a todo: discursos, visiones, descripciones, tono emocional, reacciones, relatos históricos enredados en los oráculos proféticos, figuras y exhortaciones. Deja que el mensaje intenso de cada uno de ellos sea usado por el Señor para transformar tu vida.Isaías es el profeta que anuncia a Cristo; Jeremías enseña a identificarnos con el pueblo; Ezequiel y Daniel nos dan lecciones de cómo permanecer fieles aun en circunstancias adversas.¿Y los Profetas Menores? Más allá de tener ese nombre debido a su importancia, su libros pequeños tienen mensajes relevantes y aplicables a nuestra vida y la vida de nuestra iglesia. Oseas retrata el amor leal de Dios; Joel, el día del juicio; Amós no escatima palabras para denunciar la injusticia social (Oh, cómo necesitamos de nuevos Amós en nuestros días). Abdías, Jonás y Nahúm muestran la soberanía del Señor en todo el mundo al predicar a otras naciones; Miqueas resalta que Dios valora lo interior; Habacuc muestras que podemos mostrar al Señor nuestra fragilidad y recibir de Él fuerza; Sofonías hace énfasis en el severo juicio de Dios. Hageo, Zacarías y Malaquías enseñan los que volvieron del exilio a hacer la voluntad de Dios.Usa las lecturas diarias con preguntas aplicativas para enriquecer tu devocional y para completar tu conocimiento del libro profético estudiado. Alístate, dedícate a los estudios de esos libros y ten la seguridad de una verdad: tú no serás el mismo





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